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A continuación citamos a carta aberta do Sr. Luis Pérez Carretero:
Hace unos días remití esta carta a la presidenta del Consejo General de Protésicos Dentales, sin respuesta hasta el momento. En realidad no me extraña, porque lo he hecho en varias ocasiones y siempre me ha respondido de la misma forma: con el silencio.
¿Para qué quisiste ser presidenta, María Eugenia?
Aunque ostentas la más alta representación de todos nosotros, los protésicos dentales españoles, no te conozco, María Eugenia, a pesar de los años que llevo en la profesión e interesado siempre y vivamente por su evolución y desarrollo. No sé por tanto de tu historia, si la tienes; no sé de dónde procedes, no sé de tu prestigio profesional alcanzado. Pareces joven, quizá demasiado joven para haber adquirido la necesaria experiencia en la política profesional que requiere tan alto cargo. A diferencia de las anteriores y numerosas personas que lo han ocupado, con los que he mantenido relación más o menos fluida y a veces discrepante, a ti no te conozco; y creo que entre el no nada despreciable número de protésicos dentales españoles, son muy pocos los que tienen ese privilegio. A falta de aquellas concentraciones multitudinarias de protésicos, donde debatíamos apasionadamente las ideas y diferentes posturas, nos conocíamos todos y el presidente nos hablaba y dirigía los debates, creo poder afirmar que a María Eugenia nadie la ha oído o son pocas las personas que te han escuchado y te conocen, porque tales reuniones con tan alta participación ya no se celebran: se han suspendido sin saber cuál es la razón, pero no deja de ser una nefasta decisión porque significa el mayor empobrecimiento en la comunicación entre protésicos.
Digo que por las fotos pareces joven, y por tus escritos no me atrevo a juzgar porque son escasos y, sinceramente, tengo la impresión de que no son tuyos, a pesar de que lleven tu firma.
¿De dónde ha salido, pues, nuestro más destacado personaje de la política profesional y qué méritos y qué preparación tienes para ocupar el más alto puesto de responsabilidad? Si hacemos memoria, veremos que alcanzas el cargo en las últimas elecciones a la presidencia del Consejo General, celebradas ahora hace cinco años. Elecciones que tuvieron como resultado no tu elección, sino tu proclamación ante la anulación de otra candidatura -la única que se presentó- en condiciones que dejaron mucho que desear el más elemental comportamiento democrático. Sea como fuere, la realidad es que estás ahí desde entonces, apoyada con ardor fundamentalista por el que después vino a ser nombrado nada menos que el Defensor de la Profesión, un sarcasmo, aunque sin cargo concreto conocido dentro de la Comisión creada al efecto.
Bien, la pregunta que nos hacemos es esta: ¿Para qué quiso María Eugenia ser presidenta de todos los protésicos dentales españoles?
En principio, la respuesta deberíamos encontrarla en el programa o proyecto con el que todo dirigente se presenta y justifica el ocupar el cargo, para después, pasado el tiempo que ha pasado, cinco años, ver si lo has cumplido. Pero se da la circunstancia de que ocupaste el cargo, hace cinco años, sin proyecto, sin programa de gestión concreto, sino con algo extremadamente simple para salir del paso, porque creo recordar que lo justificabas con que contabas que hubiera elecciones definitivas al cabo de un año, una vez publicados los estatutos definitivos del Consejo, publicación que se nos garantizó sería inminente. Pero ha pasado el tiempo, demasiado tiempo, los estatutos no aparecen y, sin embargo, María Eugenia sigue ahí, en el cargo. Es verdad que al no tener proyecto no se te puede exigir el cumplimiento de nada porque nada prometiste, pero eso no nos quita, la curiosidad al menos, de saber qué te animó a ser presidenta, qué buscabas, que pretendías hacer por los protésicos españoles y por la profesión.
Y en esas estamos todavía.
Sin datos, sin referencias, sin declaraciones claras y concretas que nos ayuden a encontrar la respuesta, solo nos queda la deducción. Y llegados este punto, se nos ocurre lo siguiente:
María Eugenia, si como presidenta hubieras emprendido un trabajo (aun sin proyecto) para resolver lo que todas las generaciones de protésicos que se han sucedido a lo largo de más de cien años han venido persiguiendo, a saber, terminar con un sistema que ha permitido y permite a otros profesionales de la salud dental el abuso y explotación de nosotros, origen y causa de que muchos abrazasen el intrusismo o abandonasen y abandonen la profesión, y en su lugar los protésicos dentales españoles hubiéramos alcanzado un grado de bienestar superior en el desarrollo profesional, económico, cultural y prestigio ante la sociedad, pues mire usted que no tendrían importancia ni tu juventud, ni de dónde procedes, ni tu cualificación profesional, ni tu falta de experiencia, ni tus silencios ni nada de nada. Incluso no tendría importancia la áspera actitud que muestras en las reuniones de presidentes de colegios, según nos afirman algunos que las soportan. De haberse cumplido este objetivo de libertad, nos demostrarías que algo bueno y acertado perseguías. Pero el caso es que de eso no hay nada, absolutamente nada. Los hechos nos demuestran todo lo contrario, que estamos peor que cuando accediste al cargo: más empobrecidos, más desunidos y además enfrentados; sin ni siquiera estatutos, lo poco que se nos prometió, en un caos sin precedentes y con una crisis que es lo más parecido a un tsunami gigantesco, donde cada uno de nosotros, abandonados todos a nuestra suerte por nuestra principal institución que tu presides, se ve abocado a resolver como puede su situación personal, recurriendo, como siempre, a actividades derivadas la prótesis, muchas veces sin respeto a la legalidad ni a la moralidad. Y sin esperanza de salir vivos de esta situación.
Entonces, la pregunta sigue ahí:
¿Para que querías, María Eugenia, ser presidenta?
Y otra que se deriva de ésta: vistos los resultados, ¿para qué quieres continuar siendo presidenta? ¿No te das cuenta de que cinco años para estos resultados no solamente hacen perder credibilidad en tu persona, sino que, lo más grave, pone en riesgo de desaparición la institución que diriges, después de años y años que ha costado el conseguirla?
Saludos
Luis Pérez Carretero
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